Las malas energías las expulsé por los espacios que quedaban entre mis cayos, de andar descalza por esta vida, sin protecciones ni advertencia.
Curaron despacio, derramando algún hilo de sangre de vez en cuando. Pese a que parcheaba para que no molestara, en ocasiones, de seguir andando, caían sin más.
Porque hay heridas que curan y otras, en cambio, abiertas siempre estarán.