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Lágrimas de cristal.

Te crees todo lo que te dice. Te dejas llevar por esas palabras bonitas que lo único que hacen es engañarte y vivir en un mundo paralelo a la realidad. Piensas que es perfecto de pies a cabeza. Que esos ojos que tú ves sinceros, lo único que ocultan es una mentira detrás de otra.
Pero te das cuenta. Tarde.
Ahora te encuentras en un bosque, sola en la penumbra, sin esas falsas palabras que corrían un tupido velo frente a la realidad.
Tus lágrimas, se derraman rápidamente; sin embargo, antes de tocar la tierra humedecida, adoptan una forma redonda, brillante, deslumbrante y se congelan. Y de esas lágrimas se hace una pequeña montaña y cada lágrima que cae, retumba en el silencio como si fuera cristal.
Planeas tu venganza, coges cada lágrima de cristal y la pones en una pequeña caja. Se la dejas en la puerta de su casa, para que cuando las vea, sólo tenga ganas de llorar, pero esas lágrimas no se producirán, porque es tal su orgullo y su poco corazón, que el mundo y el destino le han quitado la capacidad de sentir.