Tengo cuarenta kilos de prejuicios.
Cuarenta de insultos.
Y cuarenta de complejos.
Toda una vida de encarcelamiento, de represión y soledad.
De apariencia y realidad.
Cuarenta kilos de mentira, pero cuarenta de pasión, placer y honestidad.
Que al fin y al cabo, son kilos de verdad. Kilos que al fin y al cabo, pesan aún más.
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