A veces extrañas y fugaces, otras un tanto juguetonas con los colores del atardecer.
Y que pena que sean tan incomprendidas en invierno y tan amadas en verano.
Viajeras, dormilonas, atormentadas, escondidas.
Pero que bonito es, tumbarse, donde te lo pida el cuerpo y observar. Levitantes, etéreas, a veces tristes y lloronas, pero como brillan con el sol.
Ay! las nubes.
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